“Mi madre es muy controladora y no sé cómo gestionarlo.”
Si has llegado hasta aquí, probablemente esta frase te resulte familiar. Puede que sientas que tu madre opina sobre prácticamente todas tus decisiones, que necesita saber dónde estás, con quién estás o qué vas a hacer, o que se enfada cuando haces algo diferente a lo que ella esperaba.
Seguramente eres adulta, tienes tu propia vida y, aun así, cuando haces algo que sabes que a ella no le va a gustar, vuelves a sentirte como una niña que necesita pedir permiso.
Y entonces aparece una mezcla difícil de manejar: culpa, enfado, miedo a decepcionarla y necesidad de tener tu propio espacio.
Tener una relación cercana con tu madre no significa que tengas que contarle todo ni que tenga que estar de acuerdo con tus decisiones.
¿Cómo saber si mi madre es demasiado controladora?
Una madre puede preocuparse por ti y querer aconsejarte sin que exista necesariamente un problema.
La dificultad aparece cuando esa preocupación se convierte en una necesidad constante de intervenir, decidir o supervisar tu vida.
Por ejemplo, puede ocurrir que tu madre:
- Opine continuamente sobre tus decisiones personales.
- Quiera saber dónde estás y qué estás haciendo en todo momento.
- Se enfade si no haces las cosas como ella considera correcto.
- Te haga sentir culpable cuando tomas una decisión diferente.
- Cuestione a tu pareja, tus amistades, tu trabajo o tu forma de vivir.
- Intente decidir por ti incluso siendo adulta.
- Utilice frases como “después de todo lo que he hecho por ti”.
- Se enfade o se distancie cuando intentas poner límites.
- Espere que hagas lo que ella considera mejor para ti.
- Te haga sentir que necesitas su aprobación para estar tranquila.
Una conducta aislada no significa que tu madre sea controladora. Lo importante es observar el patrón de relación y cómo te afecta.
“Soy adulta, pero con mi madre me siento como una niña”
Esta es una de las sensaciones que pueden aparecer en este tipo de relaciones.
Puedes tener 30, 40 o 50 años, tomar decisiones en prácticamente todos los ámbitos de tu vida y sentirte completamente autónoma.
Pero cuando hablas con tu madre, parece que vuelves a ocupar el mismo papel de siempre.
Te descubres justificando tus decisiones.
Le cuentas cosas que realmente no querías contarle para evitar que se enfade.
Cambias de opinión para no tener una discusión.
O incluso dejas de hacer determinadas cosas porque anticipas su reacción.
Y quizá lo más frustrante es pensar:
“¿Por qué me sigue afectando tanto lo que mi madre piense de mí?”
El problema no siempre es solo lo que hace tu madre
Cuando hablamos de una madre controladora, es fácil centrar toda la atención en su comportamiento.
Sin embargo, también es importante mirar qué ocurre dentro de ti.
Porque puede que hayas aprendido, durante muchos años, que mantener la tranquilidad en casa implica adaptarte a las expectativas de tu madre.
Si cada vez que haces algo diferente aparece una discusión, un reproche o una reacción emocional intensa, es comprensible que empieces a anticiparte.
Y entonces puedes terminar pensando:
“Mejor no se lo cuento.”
“Voy a hacerlo como ella quiere para evitar problemas.”
“Sé que se va a enfadar.”
“No quiero hacerle daño.”
“¿Y si estoy siendo una mala hija?”
Así, poco a poco, puedes empezar a tomar decisiones no en función de lo que tú quieres, sino de
cómo evitar que tu madre se enfade o se sienta decepcionada.
¿Por qué me siento culpable cuando pongo límites a mi madre?
La culpa es una de las emociones más frecuentes cuando empezamos a establecer límites en una relación familiar.
Puedes saber racionalmente que tienes derecho a decidir sobre tu vida y, aun así, sentirte fatal cuando dices que no.
Esto puede ocurrir especialmente si has aprendido a asociar el cuidado con la disponibilidad constante, la obediencia o la necesidad de satisfacer las expectativas de los demás.
Por eso poner un límite puede sentirse, al principio, como si estuvieras haciendo algo malo.
Pero sentir culpa no significa necesariamente que estés haciendo algo incorrecto.
A veces la culpa simplemente aparece porque estás haciendo algo diferente a lo que has hecho durante mucho tiempo.
Poner límites no significa querer menos a tu madre
Esta es una idea especialmente importante.
Puedes querer muchísimo a tu madre y, al mismo tiempo, necesitar que respete determinadas decisiones.
Puedes escuchar su opinión sin hacer lo que te recomienda.
Puedes contarle determinadas cosas y reservarte otras.
Puedes pasar tiempo con ella y necesitar también tu propio espacio.
Y puedes decirle que no sin que eso signifique que eres una mala hija.
Un límite no es un castigo. Es una forma de establecer hasta dónde llega tu responsabilidad y dónde empieza la del otro.
¿Cómo poner límites a una madre controladora?

No necesitas empezar poniendo diez límites de golpe.
De hecho, puede ser más útil comenzar identificando una situación concreta que se repite y en la que quieres empezar a actuar de otra manera.
Por ejemplo, si tu madre opina constantemente sobre tu pareja, en lugar de entrar en una discusión interminable puedes decir:
“Entiendo que tú lo veas de esa manera, pero esta decisión quiero tomarla yo.”
Si insiste:
“Sé que quieres ayudarme, pero prefiero no seguir hablando de este tema.”
Y si se enfada, quizá la parte más difícil sea mantener el límite sin intentar eliminar inmediatamente su enfado.
Porque poner límites no significa conseguir que la otra persona los acepte encantada.
A veces significa aprender a tolerar que pueda molestarse.
No necesitas convencerla de que tienes razón
Cuando intentamos poner límites, podemos caer en una trampa: pensar que tenemos que conseguir que nuestra madre entienda perfectamente nuestra posición antes de poder mantenerla.
Y no necesariamente.
Puedes explicar tus motivos, pero no necesitas entrar en una discusión de dos horas para demostrar que tu decisión es válida.
Tu madre puede pensar que estás equivocada.
Puede no estar de acuerdo.
Puede incluso enfadarse.
Y aun así puedes tomar tus propias decisiones.
Una parte importante de poner límites consiste precisamente en dejar de necesitar que la otra persona valide cada decisión que tomas.
¿Y si mi madre se enfada cuando pongo límites?
Esta suele ser una de las mayores dificultades.
Quizá estás acostumbrada a que, cuando tu madre se enfada, tú hagas algo para reparar inmediatamente la situación.
La llamas.
Te disculpas.
Cambias de opinión.
Le explicas de nuevo tus motivos.
Intentas demostrarle que no querías hacerle daño.
Pero si cada límite termina desapareciendo en cuanto tu madre se enfada, puede resultar muy difícil modificar la dinámica.
Esto no significa que tengas que ignorar sus sentimientos.
Puedes comprender que algo le duela o le moleste sin asumir que eres responsable de hacer que deje de sentirse así.
Comprender las emociones de tu madre no significa hacerte responsable de ellas.
¿Cuándo puede ser útil acudir a terapia?
Si la relación con tu madre genera mucha ansiedad, culpa, discusiones constantes o dificultad para tomar decisiones propias, puede ser útil trabajar estos patrones en terapia.
Especialmente si notas que lo que ocurre con tu madre se repite también en otras relaciones: te cuesta decir que no, buscas constantemente aprobación, tienes miedo a decepcionar a los demás o te sientes responsable de cómo se sienten las personas que quieres.
En terapia no se trata necesariamente de decidir si tu madre es “buena” o “mala”, ni de obligarte a alejarte de ella.
Se trata de comprender qué dinámica existe entre vosotras, cómo te está afectando y qué necesitas para relacionarte de una manera más saludable.
Tener límites no te convierte en una mala hija
Puede que durante mucho tiempo hayas pensado que para tener una buena relación con tu madre tenías que contarle todo, escuchar sus consejos, hacerle caso o evitar cualquier conflicto.
Pero una relación adulta entre una madre y una hija también puede incluir diferencias, límites y decisiones independientes.
Puedes quererla y no estar de acuerdo con ella.
Puedes escucharla y decidir otra cosa.
Puedes cuidarla sin dejar de cuidarte a ti.
Y puedes construir tu propia vida aunque algunas de tus decisiones no sean las que ella habría tomado.
Poner límites no significa alejarte necesariamente de tu madre. Significa poder relacionarte con ella sin dejar de ser tú.
En Mary Marchante, psicólogas en Carabanchel, puedes encontrar un espacio para trabajar estas dificultades y aprender a cuidar tus relaciones sin dejarte a ti misma en segundo plano. Si lo necesitas, puedes solicitar una primera valoración gratuita y dar el primer paso para sentirte mejor contigo misma y con tus relaciones.


