Quedas con una amiga con ganas de contarle cómo estás, hablar de algo que te preocupa o simplemente poneros al día.
Pero empieza a hablarte de su trabajo, de su pareja, de sus problemas, de lo que le ha pasado durante la semana… solo escuchas «yo, yo, yo, yo»
Y cuando te quieres dar cuenta, han pasado dos horas y prácticamente no habéis hablado de ti.
Puede que intentes introducir algo sobre tu vida, pero ella vuelve rápidamente a su tema.
Y entonces empiezas a pensar:
“¿Por qué mi amiga solo habla de ella misma?”
“¿Realmente le interesa cómo estoy?”
“¿Estoy exigiendo mucho?”
Si esta situación se repite con frecuencia, es normal que puedas sentirte poco escuchada, frustrada o incluso poco importante dentro de la relación.
Cuando sientes que una amistad gira siempre alrededor de la otra persona
En una amistad saludable no es necesario que todas las conversaciones estén repartidas exactamente al 50 %.
Habrá momentos en los que una persona necesite más apoyo y otros en los que sea la otra quien esté pasando por una situación complicada.
El problema aparece cuando el desequilibrio se convierte en la dinámica habitual.
Tú escuchas.
Tú preguntas.
Tú recuerdas lo que le ocurre.
Tú estás pendiente de cómo se encuentra.
Pero cuando te toca a ti hablar, notas que la conversación vuelve rápidamente hacia ella.
Y con el tiempo puedes empezar a sentir que tienes una amiga para escucharla, pero no necesariamente una amiga con la que sentirte escuchada.
¿Por qué mi amiga solo habla de ella misma?
Puede haber diferentes razones.
Algunas personas tienen una tendencia muy marcada a hablar de sus propias experiencias y quizá ni siquiera son conscientes de que están monopolizando las conversaciones.
Otras están atravesando una etapa complicada y tienen una necesidad mayor de hablar sobre lo que les ocurre.
También puede existir una forma de relacionarse más centrada en uno mismo, en la que escuchar al otro no ocupa el mismo lugar que hablar.
Por eso, antes de concluir que tu amiga no te quiere o que es una mala amiga, puede ser útil observar qué ocurre cuando intentas expresar cómo te sientes.
Ahí puede estar una de las claves.
No es lo mismo hablar mucho que no escucharte
Tu amiga puede ser una persona habladora y, aun así, ser capaz de escucharte.
La cuestión no es cuánto habla, sino si existe espacio para ti dentro de la relación.
Por ejemplo, puede que después de contarte algo te pregunte:
“¿Y tú cómo estás?”
O que recuerde algo que le habías contado anteriormente.
O que se interese por cómo te ha ido una situación que sabía que era importante para ti.
En cambio, si cada vez que intentas hablar de ti cambia de tema, minimiza lo que cuentas o vuelve inmediatamente a sus problemas, es comprensible que empieces a sentir que la relación no es recíproca.
“Le cuento algo y enseguida lo convierte en una historia sobre ella”
Esto puede ser especialmente frustrante.
Le dices:
“Estoy bastante preocupada por una situación del trabajo.”
Y responde:
“Pues imagínate yo, que el otro día tuve una discusión con mi jefa…”
Y de repente estás escuchando durante veinte minutos su historia.
O le cuentas que estás pasando un momento complicado con tu pareja y responde hablándote de todos los problemas que tiene ella con la suya.
Puede parecer que está intentando empatizar contigo porque te cuenta algo parecido.
Y a veces efectivamente puede ser así.
Pero si esto ocurre constantemente, es posible que acabes sintiendo que cada vez que intentas compartir algo, la conversación deja de ser tuya.
¿Estoy exagerando?
Es posible que te hayas hecho esta pregunta.
Sobre todo si quieres mucho a tu amiga y no quieres pensar que existe un problema en vuestra relación.
Pero no necesitas demostrar que ella está haciendo algo “mal” para poder reconocer que tú te estás sintiendo mal.
Puedes pensar:
“Quizá ella no lo hace con mala intención, pero yo me estoy sintiendo poco escuchada.”
Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
No hace falta convertir a tu amiga en una persona egoísta para reconocer que una determinada dinámica de la relación no te está haciendo bien.
¿Qué puedo hacer si mi amiga solo habla de ella?
Lo primero puede ser observar qué ocurre cuando tú intentas participar más activamente en la conversación.
A veces podemos terminar ocupando el papel de “escuchadora” sin darnos cuenta.
Preguntamos.
Escuchamos.
Damos consejos.
Nos interesamos por todo.
Y esperamos a que la otra persona nos pregunte.
Pero quizá nunca llega ese momento.
En lugar de esperar a que aparezca, puedes empezar a ocupar tu espacio.
Por ejemplo:
“Espera, que quiero contarte una cosa que me ha pasado a mí.”
O:
“Antes de seguir, necesito contarte cómo estoy yo con esto.”
No hace falta hacerlo de manera agresiva.
Simplemente dar por hecho que tú también tienes derecho a participar en la conversación.
¿Y si no se da cuenta?
Entonces quizá sea necesario hablarlo.
No necesitas empezar con una acusación como:
“Siempre hablas de ti y nunca me escuchas.”
Puedes hablar desde cómo te estás sintiendo:
“Últimamente tengo la sensación de que cuando quedamos hablamos mucho de lo que te pasa a ti y me estoy quedando con la sensación de que no hay mucho espacio para contar cómo estoy yo.”
Esto permite abrir una conversación en lugar de entrar directamente en un conflicto.
Y su reacción también puede darte información.
La reacción de tu amiga importa

Imagina que se lo dices y responde:
“No me había dado cuenta. Perdona. Cuéntame, ¿cómo estás tú?”
Probablemente estéis ante una dinámica que se puede modificar.
No todo desequilibrio en una amistad significa que la relación esté rota.
A veces la otra persona simplemente no ha sido consciente de cómo estaba funcionando la relación.
Pero imagina que, cuando lo expresas, se enfada, se burla, te dice que eres demasiado sensible o vuelve a hacer que la conversación gire exclusivamente alrededor de ella.
Entonces quizá haya algo más que observar.
No solo importa que una persona escuche tus necesidades.
También importa qué hace cuando le comunicas que tienes una necesidad.
¿Y si siempre soy yo la que escucha a los demás?
Este tipo de situaciones también pueden llevarnos a mirar nuestra propia forma de relacionarnos.
Quizá eres una persona muy empática y estás acostumbrada a estar pendiente de los demás.
Te sale preguntar.
Te sale escuchar.
Te cuesta interrumpir.
Te da reparo hablar demasiado de ti porque piensas que puedes estar molestando.
Incluso puede que sientas que tus problemas no son tan importantes como los de los demás.
Si esto te ocurre con frecuencia, quizá el problema no esté únicamente en esa amistad.
Puede existir un patrón en el que das mucho espacio a otras personas, pero te cuesta ocuparlo tú.
Y aprender a expresar tus necesidades y poner límites puede ser importante.
Una amistad también debería tener espacio para ti
Una amistad no tiene que ser perfectamente equilibrada todo el tiempo.
Habrá días en los que una persona necesite más atención que la otra.
Pero cuando de forma habitual sientes que escuchas, acompañas y preguntas, mientras que tus necesidades quedan en segundo plano, es normal que empieces a cuestionarte la relación.
No tienes que esperar a estar completamente enfadada para decir algo.
Puedes empezar por algo tan sencillo como:
“Yo también necesito sentirme escuchada en esta amistad.”
Y a partir de ahí observar qué ocurre.
Porque quizá tu amiga no se había dado cuenta y puede cambiar algunas cosas.
O quizá descubras que llevas mucho tiempo intentando mantener una relación en la que tú ocupas un espacio demasiado pequeño.
En cualquiera de los dos casos, escucharte a ti misma también forma parte de cuidar tus relaciones.
En Mary Marchante, psicólogas en Carabanchel especialistas en gestión emocional, puedes encontrar un espacio para trabajar estas dificultades, aprender a expresar tus necesidades sin sentirte culpable y cuidar tus relaciones sin dejarte a ti en segundo plano.
Si quieres empezar a trabajar en ello, puedes solicitar una primera valoración gratuita y dar el primer paso hacia unas relaciones en las que también haya espacio para ti.



