¿Qué es el duelo patológico?
Perder a alguien que quieres duele muchísimo. Duele de una forma que pocas experiencias consiguen explicar con palabras. Puede parecer que el tiempo se detiene, que el mundo sigue avanzando mientras tú continúas atrapada en la tristeza y en el mismo día en el que recibiste aquella noticia.
Sin embargo, aunque el dolor forme parte natural de cualquier pérdida, existe una realidad de la que se habla mucho menos: el duelo patológico.
El duelo patológico aparece cuando ese proceso natural de adaptación queda bloqueado y el sufrimiento continúa siendo tan intenso que termina afectando profundamente a tu vida diaria, tus relaciones, tu trabajo, tu carácter o tu capacidad para volver a disfrutar de aquello que antes daba sentido a tus días.
Si has llegado hasta aquí porque te preguntas si lo que estás viviendo es «normal», quiero decirte algo antes de seguir leyendo.
No estás exagerando.
No estás «loca».
Y tampoco significa que al pedir ayuda eres débil porque no estás pudiendo afrontar esto sola.
De hecho, comprender qué está ocurriendo puede ser el primer paso para empezar a aliviar ese peso que llevas demasiado tiempo sosteniendo sola.
El duelo no entiende de tiempos
Vivimos en una sociedad que, muchas veces sin mala intención, nos envía mensajes como:
«Ya deberías estar mejor.»
«Ha pasado un año, lo tienes que superar ya.»
«Tienes que seguir adelante.»
«La vida continúa.»
Pero el duelo no entiende de fechas.
No desaparece porque tu entorno necesita verte feliz ya.
Cada duelo y cada vínculo es único y, por tanto, cada pérdida también lo es.
Hay mujeres que necesitan meses para empezar a recuperar cierta estabilidad y otras que tardan bastante más. Ninguna de esas situaciones, por sí sola, indica que exista un problema psicológico.
El duelo no se mide por el tiempo.
Se mide por la capacidad de que poco a poco vas recuperando para volver a conectar con tu vida.
Y ahí está la diferencia.
¿Qué es exactamente el duelo patológico?
El duelo patológico, también conocido como duelo complicado o duelo prolongado, es una alteración del proceso de duelo en la que el dolor permanece con una intensidad muy elevada durante mucho tiempo e impide que la persona consiga adaptarse a la pérdida.
No significa olvidar.
No significa dejar de querer.
Tampoco implica que debas dejar de echar de menos a quien ya no está.
Significa que el sufrimiento ha dejado de ayudarte a elaborar la pérdida y ha comenzado a impedirte vivir, a limitarte.
Es como si una herida permaneciera siempre abierta.
Cada recuerdo vuelve a doler con la misma intensidad que el primer día.
Cada fecha señalada se convierte en una montaña imposible de subir.
Cada mañana empieza con la sensación de que nada tiene sentido.
Un ejemplo con el que quizá te identifiques
Imagina a Laura.
Hace casi tres años falleció su madre.
Los primeros meses apenas podía dormir.
Lloraba constantemente.
No tenía ganas de salir.
Todo eso era esperable.
Sin embargo, hoy sigue evitando entrar en la habitación donde guardan sus cosas.
No soporta escuchar su nombre.
Ha dejado de quedar con amigas porque todas hablan de sus madres.
Cuando alguien intenta animarla siente rabia.
Y, sobre todo, tiene la sensación de que su vida terminó el mismo día que murió la persona más importante para ella.
No importa que hayan pasado tres años.
Para Laura, emocionalmente, el tiempo no ha avanzado.
Eso es precisamente lo que diferencia un proceso de duelo normal de un posible duelo patológico.
El duelo cambia, no desaparece
Una idea que suele generar mucha culpa es pensar que superar una pérdida significa olvidar.
No es cierto.
La mayoría de personas nunca dejan de echar de menos a quienes han perdido.
Siguen recordándolas.
Siguen emocionándose.
Siguen sintiendo tristeza en aniversarios, cumpleaños, navidades o fechas importantes.
Y eso es completamente normal y sano.
Lo que cambia es que esos recuerdos le permiten vivir y seguir adelante.
Con el tiempo, el dolor deja de ocupar todo el espacio.
Empiezan a aparecer momentos de calma.
Pequeñas ilusiones.
Nuevos proyectos.
Risas que ya no generan culpa.
Eso no significa que quieras menos.
Significa que estás aprendiendo a convivir con la ausencia.
Diferencias entre un duelo normal y un duelo patológico
Esta es probablemente una de las preguntas que más escuchamos en consulta.
La respuesta no siempre es sencilla porque el duelo no funciona como una enfermedad que aparece de repente.
Es un continuo.
Sin embargo, existen algunas diferencias importantes.
En un duelo normal…
Es habitual sentir tristeza intensa.
Puedes llorar con frecuencia.
Dormir peor.
Tener menos apetito.
Sentir que nada tiene demasiado sentido durante una temporada.
Incluso experimentar momentos de enfado, culpa o confusión.
Aunque todo esto resulte muy doloroso, poco a poco empiezan a aparecer pequeños cambios.
Hay días algo mejores.
Recuperas ciertas rutinas.
Consigues disfrutar durante un rato sin sentirte mal por ello.
La pérdida sigue estando presente, pero ya no ocupa cada minuto de tu vida.
En un duelo patológico…
La intensidad del dolor apenas disminuye con el paso del tiempo.
Continúas sintiendo que tu vida quedó completamente paralizada el día que lo cambió todo.
Evitas cualquier situación que te recuerde a esa persona… o, por el contrario, dedicas prácticamente todo tu tiempo a mantenerte conectada con ella.
Te resulta imposible imaginar un futuro.
Las relaciones sociales se reducen.
Pierdes el interés por aquello que antes disfrutabas.
Empiezas a pensar que nunca volverás a ser feliz.
Y, en algunos casos, aparecen síntomas de ansiedad, depresión o una profunda sensación de vacío que parece no tener fin.
¿Por qué duele tanto perder a alguien?
El vínculo con las personas importantes forma parte de nuestra seguridad emocional.
Cuando perdemos a alguien significativo, nuestro cerebro necesita reorganizar toda la información que durante años había construido alrededor de esa relación.
Por eso, durante el duelo, es frecuente que todavía esperes escuchar su voz al otro lado del teléfono.
Que pienses automáticamente en contarle una noticia.
Que, durante unos segundos, olvides que ya no está.
No es que estés perdiendo la cabeza.
Es que tu cerebro necesita tiempo para integrar una realidad que resulta profundamente dolorosa.
Y precisamente por eso el duelo requiere paciencia, comprensión y, en ocasiones, psicólogos especializados en duelo.
Síntomas del duelo patológico:
¿cómo saber si necesitas ayuda?
No existe una única forma de vivir un duelo. Cada historia, cada vínculo y cada pérdida son diferentes. Sin embargo, cuando hablamos de duelo patológico, sí encontramos una serie de señales que pueden indicar que el proceso de adaptación se ha quedado bloqueado.
Es importante recordar que ninguno de estos síntomas, por sí solo, confirma un diagnóstico. Lo relevante es observar cómo afectan a tu vida y si persisten en el tiempo con una intensidad que te impide avanzar.
Quizá te reconoces en varias de las situaciones que vas a leer a continuación. Si es así, no significa que haya algo «mal» en ti. Significa que tu dolor necesita ser escuchado y acompañado.
Sientes que el tiempo se ha detenido
Una de las características más frecuentes del duelo prolongado es la sensación de que todo sigue igual que el primer día.
Mientras las personas de tu entorno parecen continuar con su vida, tú sientes que emocionalmente sigues atrapada en el momento de la pérdida.
Puede que hayan pasado meses o incluso años, pero el dolor sigue teniendo la misma intensidad. Como si la herida nunca hubiera empezado a cicatrizar.
Muchas mujeres describen esta sensación diciendo:
«Es como si una parte de mí también hubiera muerto ese día.»
La tristeza ocupa prácticamente todo tu espacio emocional
Es normal sentir tristeza tras una pérdida. Lo que diferencia un proceso saludable de un posible duelo complicado es que esa emoción termina invadiéndolo todo.
Te cuesta disfrutar.
No encuentras ilusión.
Los momentos agradables duran muy poco.
Y cuando consigues distraerte, aparece inmediatamente la culpa.
Es posible que incluso pienses:
«Si me río, es como si la estuviera olvidando.»
Pero disfrutar no significa dejar de querer. Ambas cosas pueden convivir.
Evitas todo lo que te recuerda a esa persona
Algunas personas intentan protegerse evitando cualquier recuerdo.
No quieren mirar fotografías.
No escuchan determinadas canciones.
Evitan pasar por ciertos lugares.
No hablan de quien ha fallecido.
Durante un tiempo, esta evitación puede parecer una forma de aliviar el dolor. Sin embargo, cuando se mantiene durante meses o años, suele impedir elaborar la pérdida.
Es como intentar cerrar una herida sin limpiarla antes.
Ocurre justo lo contrario: vives anclada al pasado
En otras ocasiones sucede el extremo opuesto.
La casa permanece exactamente igual.
No se mueve ningún objeto.
Se conservan intactas todas las pertenencias.
Cada día gira alrededor del recuerdo.
La persona fallecida ocupa prácticamente todas las conversaciones, pensamientos y decisiones.
Mantener el vínculo emocional con quien ya no está es completamente normal. El problema aparece cuando ese vínculo impide seguir construyendo una vida propia.
Te cuesta imaginar un futuro
Cuando el duelo se complica, el futuro deja de existir.
No haces planes.
No proyectas vacaciones.
No piensas en nuevos objetivos.
No porque no quieras, sino porque no consigues imaginarte viviendo sin esa persona.
Es una sensación muy frecuente en consulta.
Muchas mujeres explican que sienten que ya no tienen derecho a disfrutar.
Como si cualquier proyecto fuera una traición.
La culpa aparece constantemente
La culpa es una emoción habitual en muchos procesos de duelo.
Surgen pensamientos como:
«No me pude despedir de ella.»
«¿Y si hubiera insistido para que fuera al médico?»
«No debería haber discutido aquel día.»
«¿Y si hubiera estado más pendiente?»
Nuestro cerebro intenta encontrar explicaciones cuando ocurre algo muy doloroso.
Es una manera de recuperar la sensación de control.
Pero la mayoría de esas culpas no están basadas en la realidad, sino en la necesidad de encontrar respuestas a una situación que, muchas veces, simplemente no las tiene.
Sientes que nadie puede entenderte
Es posible que hayas escuchado frases como:
«Tienes que ser fuerte.»
«Ya ha pasado mucho tiempo.»
«Anímate.»
Aunque quienes las dicen suelen hacerlo con buena intención, es fácil sentir que nadie comprende realmente lo que estás viviendo.
Entonces empiezas a callarte.
Hablas menos.
Te aíslas.
Y acabas llevando un sufrimiento enorme completamente sola.
También pueden aparecer síntomas físicos
El duelo no solo afecta a las emociones.
Nuestro cuerpo también habla.
Es frecuente experimentar:
- dificultad para dormir
- cansancio constante
- tensión muscular
- falta de concentración
- pérdida o aumento del apetito
- sensación de opresión en el pecho
- problemas digestivos
- ansiedad
Por eso muchas personas acuden primero al médico pensando que tienen un problema físico, cuando en realidad su cuerpo está expresando un dolor emocional que aún no ha podido elaborar.
¿Por qué algunas personas desarrollan un duelo patológico?
Esta es una de las preguntas más importantes.
Y la respuesta probablemente te tranquilice.
Porque no depende de ser más fuerte o más débil.
Nadie elige desarrollar un duelo complicado.
Existen muchos factores que influyen.
El vínculo que existía con esa persona
No todas las pérdidas tienen el mismo impacto.
No es igual perder a una madre, a una pareja, a una hija o a una amiga íntima que perder a alguien con quien existía una relación más distante.
Cuanto mayor era el vínculo afectivo y la sensación de seguridad que esa persona proporcionaba, mayor suele ser el desafío para adaptarse a su ausencia.
Una pérdida inesperada
Cuando una muerte ocurre de forma repentina, el cerebro apenas tiene tiempo para prepararse.
Accidentes.
Infartos.
Suicidios.
Muertes repentinas.
Todo sucede tan deprisa que cuesta aceptar que esa persona realmente ya no está.
La sensación de irrealidad puede mantenerse durante mucho tiempo.
Haber vivido varias pérdidas seguidas
Hay etapas de la vida en las que parece que las pérdidas se acumulan.
Primero fallece un familiar.
Después una amistad.
Más tarde llega una separación.
O la pérdida del trabajo.
Cuando varias experiencias difíciles aparecen al mismo tiempo, el sistema nervioso puede verse desbordado.
No disponer de una red de apoyo
El duelo pesa mucho más cuando tienes la sensación de que debes sostenerlo sola.
No siempre necesitamos que nos den soluciones.
Muchas veces basta con sentir que alguien permanece a nuestro lado sin intentar acelerar el proceso.
Sentirse acompañada es uno de los factores que más favorecen la recuperación.
Haber vivido experiencias traumáticas anteriormente
Las personas que han sufrido abandono, maltrato, pérdidas importantes durante la infancia o experiencias traumáticas pueden tener más dificultades para elaborar un duelo.
No porque sean más vulnerables.
Sino porque esa nueva pérdida puede reactivar heridas que nunca llegaron a cerrarse del todo.
Por eso, en terapia, muchas veces descubrimos que el dolor actual conecta con otros mucho más antiguos.
¿Cuándo acudir a una psicóloga especializada en duelo?
No existe un momento perfecto.
No hace falta esperar un año.
Ni tocar fondo.
Ni dejar de poder levantarte de la cama.
Puedes acudir simplemente porque sientes que sola ya no puedes sostener tanto dolor.
Buscar ayuda no significa que estés fracasando.
Significa que estás dejando de exigirte llevar una carga imposible.
En Mary Marchante Psicóloga, nuestro equipo de psicólogos acompaña a muchas personas que llegan con la misma preocupación:
«No sé si esto que me pasa es normal.»
Y la respuesta es diferente para cada persona, ya que, lo importante es entender cómo estás viviendo tú esa pérdida y qué necesitas para poder integrarla sin sentir que tienes que olvidar a quien tanto has querido.
Tanto si buscas terapia presencial en Carabanchel Alto como si prefieres realizar terapia online, contar con el acompañamiento de una psicóloga especializada en duelo puede ayudarte a comprender lo que estás sintiendo, aliviar la culpa, gestionar las emociones más intensas y volver, poco a poco, a conectar con tu vida sin renunciar al recuerdo de esa persona.


